Causa de muerte: COVID-19 Por Desigualdad

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Nadie está libre del virus ni sus impactos. Nos afecta a todos y todas de manera directa o indirecta. Sin embargo, la pregunta incómoda que subyace es, ¿nos afecta por igual?

Contra lo que algunos grupos enunciaron al inicio de la pandemia en torno a las bondades de un virus no discriminador que nos pedía afrontarlo de la misma forma (confinándonos en nuestras casas y extremando las medidas de distanciamiento social e higiene personal), la covid-19 ha revelado de forma incontestable la profunda desigualdad que existe en el mundo, entre y dentro de los países.

En este medio año conviviendo con el virus, ya contamos con evidencias de las luces y las sombras de los esfuerzos a nivel global, regional y nacional para la prevención, contención y mitigación del virus. Encontramos una gran variedad de estrategias y medidas implementadas que han dado lugar a una suerte de carrera por alcanzar el podio de los gobiernos exitosos – mayoritariamente a cargo de mujeres (1) – en la gestión de la pandemia. Sin embargo, la segunda oleada que actualmente experimentan muchos países del hemisferio norte pone en jaque las fórmulas anteriores y confirma que lo que marca la diferencia reside cada vez más en el factor de comportamiento individual. A ciudadanos más responsables, más probabilidades de éxito.

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No obstante, esta responsabilidad individual depende en su mayoría de determinadas condiciones sociales prexistentes para que surta el efecto deseado. La cara menos amable de la pandemia no tiene tanto que ver con los resultados derivados de la respuesta gubernamental al virus per se, sino con la desigualdad de posibilidades que los individuos tienen para afrontar la pandemia. Estudios recientes han demostrado que los factores sociales determinantes de la salud, es decir, las condiciones en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, tienen un impacto considerable en los resultados de la covid-19 (2). Problemas como la pobreza, el entorno físico (por ejemplo, el hacinamiento, la falta de vivienda) y la raza o el origen étnico juegan un papel fundamental en la determinación de si ciertos grupos de personas morirán o sobrevivirán al virus (3). Agregaría a esto, el factor de género y el acceso al agua como otros determinantes relevantes.

Los episodios más duros de esta pandemia están por tanto estrechamente vinculados con la desigualdad que sufren los grupos más vulnerables de la sociedad, que se ven normalmente desprotegidos por las políticas (o ausencia de ellas) y modelos económicos actuales. Es un hecho: el virus se ensaña con los grupos más vulnerables, exacerbando las desigualdades e injusticias prexistentes.

Lo anterior nos invita a reflexionar sobre el hecho que la covid-19 no es el factor principal de la muerte de miles de personas; son las condiciones de desigualdad prexistentes las que las colocan en una situación de vulnerabilidad exacerbada que las hará más propensas al contagio y – dadas sus peores condiciones de salud y mayores dificultades de acceso a servicios básicos- la muerte. Es decir, no morirán estrictamente por causa de la covid-19, sino por efecto de su desigualdad.

Soledad Sánchez-Cañamares
Abogada y Consultora Internacional
Experta en Empresas y Derechos Humanos

Fuentes:

(1) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52295181 ; https://www.nbcnews.com/know-your-value/feature/covid-19-era-female-leaders-are-shining-here-s-why-ncna1227931

(2) https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S2213-2600(20)30234-4

(3) https://hitconsultant.net/2020/04/20/covid-19-social-determinants-of-health-importance/#.Xvn2PihKjIU

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